Las casas son adornadas con arcos de ramas de pino, flores al ingreso, y en el interior, alistan altares, sirven las mesas: cruces de mote, panes, comida y alcohol para recibir al Ruco.
La comunidad Chunasana en Nabón, Azuay, celebra anualmente durante siete días la festividad del carnaval, rito que mezcla creencias religiosas y folklore. Las casas son adornadas con arcos de ramas de pino, flores al ingreso, y en el interior, alistan altares, sirven las mesas: cruces de mote, panes, comida y alcohol para recibir al Ruco. Este encabeza la procesión y junto a seguidores camina durante dos días y una noche visitando a la mayoría de viviendas en toda la comunidad, subiendo y bajando las montañas y laderas. Llevan grabadoras al hombro; la Tijuana, un instrumento similar a la flauta de caña, violín y tambor para alegrar la caminata, la visita y la fiesta en cada hogar. Son bien recibidos, bailan, gozan, juegan al carnaval, se mojan, no importa el frío, ellos siguen. El alcohol les permite aguantar el frío intenso, las familias arman en sus casas los altares que son hechos con vegetales, frutas, comida enlatada, todos amarrados sobre un soporte de madera, que son llevados al hombro desde sus casas hasta la plaza, para después ser alzados con palos y, luego de danzar alrededor de estos con cintas, son bajados y repartidos entre la comunidad.
(Fuente: El Telégrafo)