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98 ecuatorianos vuelven de Chile
98 ecuatorianos vuelven de Chile
José Remache mira cómo su bandera ecuatoriana flamea, junto  a la chilena, en la torre de control del aeropuerto de Concepción, mientras espera el avión Hércules que lo llevará de vuelta a Ecuador.

Con los seis miembros de su familia, sabe que será difícil que la pueda recuperar: “Es una bandera que me acompaña a todas partes que he ido”, dice. Pero es más urgente volver a Ecuador.

De aquellos ecuatorianos que habitan la región de Bío Bío (en el sur de Chile, en donde todo está fuera de control, el alimento aún escasea y temblores fuertes despiertan a todos), 48 abordaron el segundo avión que llegó con la ayuda humanitaria ecuatoriana. En Santiago los esperaban 50 ecuatorianos más, quienes llegaron a Guayaquil y  Quito en horas de la  noche del sábado.

Salían de Chile con sentimientos encontrados. Gioconda Martínez, de Machala, deja Concepción luego de seis años de vida acá. Comenzó como médica y ahora estaba estudiando un posgrado en Pediatría. Llegó al aeropuerto con lo puesto y montada en una bicicleta. “La cosa es demasiado fuerte. No se puede vivir en una situación así. La verdad, uno piensa con el corazón y con la cabeza. Pero ahora domina mi corazón y quiero estar con mi familia, aunque dejo acá  mi casa y todo lo que tengo”, concluye.

No todos podían abandonar la ciudad y en el aeropuerto se vivían escenas dramáticas por la separación familiar, saber que uno se queda en medio del peligro. El cuencano Manuel Peralta es médico y él habría querido irse con su mujer, Sonia Oliveros y su  hija de un año, Vivian.  Viven en San Pedro, a un kilómetro del mar.

Él se encontraba de turno esa madrugada. Las dos, solas, tuvieron que subir al cerro, alertadas por el peligro del tsunami. “Como médico, no puedo abandonar a los que necesitan de nosotros. Es así esta profesión”, dice.

Pero luego se entrega al llanto y con la voz entrecortada dice que está “feliz porque se van. Así todos estamos tranquilos porque sé que ellas estarán bien, que no estarán solas y sin el estrés que estamos viviendo todos los días,  porque esto seguía   temblando”.

Lo mismo le ocurre a José Maldonado, comerciante otavaleño. Él y su familia viven en una de las zonas más devastadas por el tsunami: Dichato, en donde las casas están  todas destruidas. En la playa se ven refrigeradoras y escombros. José vio su casa en el suelo y en el mar  su mercadería. 

Ahora tiene que comenzar todo desde cero. “Era salvarse o morir. Y yo también me iría, pero no sé cómo trabajar en Ecuador. Así que se va mi familia,  porque hay que cuidar a los niños”.

Réplicas de más de seis grados en la escala de Richter no dejan de alertar a los pobladores, y aunque puedan decir que es fuerte, siempre repetirán que no es nada comparado con  lo que se vivió aquella madrugada del sábado 27 de febrero, cuando el terremoto de 8,8 grados despertó a todos.

“La tierra no paraba de temblar. No tengo miedo, tengo pánico. Nunca viví una cosa así. En Ecuador hay un pequeño temblor y salimos corriendo. Pero aquí fue durísimo y la tierra no paraba de temblar”, dice Sandra Cabrera.

Se quiere ir porque sabe que la tranquilidad de la familia vale más que los 13 meses que vivió en Concepción. Pero le da cargo de conciencia.  “Yo siento que estoy traicionando  a la gente.  Porque estoy aquí  cuando están bien, pero me voy cuando están mal.  Quizá regrese cuando nuevamente todo esté bien. Pero en estos casos, uno necesita estar cerca de la familia. Ahora tengo que ver qué voy a hacer  en Ecuador”.

Génesis Mendoza estuvo de paseo visitando a su familia que vive en Los Ángeles, al sur de Concepción. También  montó en el vuelo hacia Santiago. No le gustó para nada lo que vivió. Pero ya con la alegría de saber que  estará lejos del peligro, sabe también que tendrá una gran historia que contar a sus amigas en Chone.

Números de la tragedia

Ante el temor de ir presos, los saqueadores devolvieron refrigeradores, lavadoras, estufas, cocinas... La Policía  recuperó 35 camiones llenos de mercancías  valoradas en USD 2 millones.

Especialistas calcularon en unos USD 30 000 millones las pérdidas totales. Sólo la reparación de vías, aeropuertos embalses , etc. costaría USD 1  200 millones. 

446 presos se  fugaron de las cárceles . Hasta el momento se han  recapturado  230 internos.

(Fuente: El Comercio)